Un café sin azúcar para mitigar el dolor fue lo que Martinez se sirvió aquella noche en que caminaba errante por las calles de su natal Victoria, pensando en lo que había sucedido, en lo injusto de la vida y en qué haría para seguir adelante.
Caminó por horas sin saber hacia donde iba, su corazón se resquebrajaba a cada paso, a cada instante, cada suspiro hacía aún más grande el vacío en su alma destrozada.
La calle estaba particularmente sola, era él y la oscuridad, solo él y sus lágrimas, su cara empapada en aquel doloroso llanto que emanaba de sus ojos tristes que se limitaban a mirar el suelo, sin dirigir la vista al frente, deseando dejar de respirar en cualquier instante para así fulminar su vida.
Ese aire extraviado lo aplastó, tras horas de caminar, tras tanta reflexión, tras tanto arrepentimiento, el destino deseaba recordarle para siempre su error, para que este lo agobiara hasta el fin de sus días y así jamás pudiera ni siquiera esbozar la más fría sonrisa, para que ni un café pudiera mitigar su desdicha, ni cientos de cigarrillos, ni todo el alcohol del mundo, nada debía hacerlo olvidar, por eso, el viento guío sus pies hacia el mismo lugar de donde había salido, siempre con los ojos en el suelo Martinez llegó hasta el frontis de su casa, en aquella calle llena de autos, en donde había un diario en el suelo que en portada informaba de un terrible asesinato,dejó su maletín a un lado y recogió el periódico , poniéndose de pie fue cuando alzó la vista, y tomó conciencia de en donde estaba , pues al mirar hacia adelante solo veía tres ataúdes, mientras el diario con grandes letras decía " Brutal asesinato "
viernes, 31 de mayo de 2013
martes, 14 de mayo de 2013
Manolito
Manolito siempre fue un buen niñito, apegado a la Iglesia y Diosito , por eso todos los domingos iba a misa bien vestido y perfumadito, para que no se notara pobreza ni por poquito.
Cuando era adolescente le dio por querer ser cura a Manolito, por esos tiempos, de la mano andábamos tomaditos, dándonos besitos y haciéndonos cariñitos como buenos jóvenes siempre bien acurrucaditos. Por eso cuando me dijo que ahora quería servir a diosito. Ay! como me hizo sufrir Manolito.
Al poco tiempo partió al seminario, y ahí ya no lo vi más al muchachito, pero fíjense que fue hace bien poquito que volví a ver a Manolito, estaba igualito, y lo más chistosito fue ver como se le abultaba el pantaloncito cuando lo saludé de besito. Ay! pobre Manolito, me imagino como habrá jugado con la manito, o quizás con un niñito...
Cuando era adolescente le dio por querer ser cura a Manolito, por esos tiempos, de la mano andábamos tomaditos, dándonos besitos y haciéndonos cariñitos como buenos jóvenes siempre bien acurrucaditos. Por eso cuando me dijo que ahora quería servir a diosito. Ay! como me hizo sufrir Manolito.
Al poco tiempo partió al seminario, y ahí ya no lo vi más al muchachito, pero fíjense que fue hace bien poquito que volví a ver a Manolito, estaba igualito, y lo más chistosito fue ver como se le abultaba el pantaloncito cuando lo saludé de besito. Ay! pobre Manolito, me imagino como habrá jugado con la manito, o quizás con un niñito...
jueves, 2 de mayo de 2013
Un buen Vino
Cuando mi padre tenía 53 años fue cuando encontró la muerte tomando vino, fue algo inesperado y sorpresivo, todos en el barrio se quedaron pasmados, pues conocidas eran sus andanzas y borracheras, pero la muerte era algo mucho más grande.
Como era jefe de hogar, obligaron a mi mama a que lo veláramos 3 noches, por lo que te puedes imaginar el olor que emanaba de su ataúd no barnizado. Entre medio de flores y de abuelas rezando, estaba yo ahí sentado, cabizbajo, no vayas a creer que estaba llorando, en realidad solo estaba disimulando.
No te voy a negar que la muerte del viejo nos complicó las cosas, la vida fue más austera, pero al menos ni yo ni mi mama tuvimos que aguantar más a ese borracho de mierda, que ojala bien muerto esté, secándose en el infierno pagando todo lo que nos hizo el desgraciado.
Ay! Si tu supieras cuanto hizo sufrir a mi mama el condenado, por los pisos de la casa la arrastraba y a mi mismo, la mierda me sacaba cuando llegaba borracho después de haber bebido por horas y horas en algún antro.
Y fíjate que si me lo preguntas, realmente no me arrepiento de haberle puesto cloro al vino, pues aunque mi mama ya esté sola allá en el barrio, no tiene que aguantar al marido ni tampoco al hijo que le engendró el desgraciado aquel día en que la había violado.
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