A sus 78 años Don Antonio se mantiene en pie para dirigir su tienda de libros y antigüedades ubicada en la calle principal de su pueblo, si bien la popularidad y las ventas de su negocio van en franca decadencia desde hace años, se levanta todos los días a atender con una sonrisa y con la esperanza en su corazón de que hoy será un buen día para "El bolígrafo de oro", que tendrá buenas ventas, como hace veinte o treinta años atrás, época dorada de su negocio, en la que Don Antonio era un un hombre bien acomodado que poseía varias tiendas dedicadas a la venta de libros, máquinas de escribir y otros diversos objetos como lápices y plumas.
En su juventud inició su estudio en las letras clásicas, lo cual lo enamoró de la literatura en sí, partió como muchos quizás, leyendo a Homero y a Sófocles, pero a medida que fue pasando el tiempo, fue diversificando su paladar literario hasta que encontró a su favorito, Cervantes. Fiel admirador del escritor español y de su Quijote, Don Toño le ha dedicado su vida a la lectura y al estudio de esa obra.
Nunca tuvo hijos, pero deseó tenerlos, pero por desgracia su esposa, que en paz descanse, era estéril, por lo que les fue imposible tener descendencia.
Quizás lo más cercano a un hijo para Don Antonio fue su tienda, a quien trata con admirable cuidado, pues la mantiene siempre limpia y dispuesta a recibir a algún joven o adulto que busque un libro o algún artículo ya desahuciado por las innovaciones del siglo XXI. Aunque también si somos más recelosos, podríamos considerar como parte de su herencia una serie de escritos que alguna vez publicó en el diario del pueblo, si bien en un principio recibió muy buenas críticas, a medida que fueron muriendo sus lectores y reestructurándose el diario a la medida de las nuevas corrientes de la prensa, el protagonismo y la popularidad de los escritos de Don Toño fueron perdiendo espacio hasta terminar desapareciendo completamente de las hojas.
Como una piedra se mantiene hoy, defendiendo lo que tanto ama, aquello que lo ha acompañado en toda su vida, la literatura, la cultura, pues como tantos considera que es fundamental para el desarrollo integral de todo ser humano el tener la posibilidad de encontrar un instrumento capaz de hacernos reflexionar y pensar, de abrir nuestra mente y ver el mundo de una manera diferente.
Aunque sabe que está viejo, que su llama se puede apagar en cualquier momento y que tal vez pronto ya no pueda dirigirse con su sonrisa tradicional a su tienda y permanecer ahí, disponible para quien deseé preguntarle por un libro o algún objeto que nos ayude a recordar viejos tiempos, en los que el papel era amarillo, en los que una mente brillante tenía más valor que un físico perfecto, un tiempo en que si bien no habían tantas luces como hoy, bastaba con la luz que se aloja en nuestro interior para iluminar a cientos de hombres.
Pese a que el nuevo mundo parece querer comer todo aquello que pueda hacer un bien a la humanidad, Don Antonio, el viejo Toño se mantendrá en su tienda, sentado, leyendo, esperando que alguien cruce el umbral de su puerta, para recibirlo con afecto y alegría e invitarlo a conocer un mundo que hoy pocos ya visitan, un mundo que no muere, pues siempre, en algún lugar del mundo existirán hombres como Don Antonio, sujetos que dedican su vida a mantener vivas las increíbles historias, las asombrosas respuestas y las maravillas que puede guardar un libro.
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