martes, 26 de febrero de 2013

Una vida de lectura

Vive entre rollos de película y papeles antiguos, escribe con pluma, detesta las computadoras y todo lo que tenga que ver con esta nueva tecnología que él considera está destruyendo al mundo en base a la construcción de individuos cada vez más torpes y silentes.
A sus 78 años Don Antonio se mantiene en pie para dirigir su tienda de libros y antigüedades ubicada en la calle principal de su pueblo, si bien la popularidad y las ventas de su negocio van en franca decadencia desde hace años, se levanta todos los días a atender con una sonrisa y con la esperanza en su corazón de que hoy será un buen día para "El bolígrafo de oro", que tendrá buenas ventas, como hace veinte o treinta años atrás, época dorada de su negocio, en la que Don Antonio era un un hombre bien acomodado que poseía varias tiendas dedicadas a la venta de libros, máquinas de escribir y otros diversos objetos como lápices y plumas.
En su juventud inició su estudio en las letras clásicas, lo cual lo enamoró de la literatura en sí, partió como muchos quizás, leyendo a Homero y a Sófocles, pero a medida que fue pasando el tiempo, fue diversificando su paladar literario hasta que encontró a  su favorito, Cervantes. Fiel admirador del escritor español y de su Quijote, Don Toño le ha dedicado su vida a la lectura y al estudio de esa obra.

Nunca tuvo hijos, pero deseó tenerlos, pero por desgracia su esposa, que en paz descanse, era estéril, por lo que les fue imposible tener descendencia.
Quizás lo más cercano a un hijo para  Don Antonio fue su tienda, a quien trata con admirable cuidado, pues la mantiene siempre limpia y dispuesta a recibir a algún joven o adulto que busque un libro o algún artículo ya desahuciado por las innovaciones del siglo XXI. Aunque también si somos más recelosos, podríamos considerar como parte de su herencia una serie de escritos que alguna vez publicó  en el diario del pueblo, si bien en un principio recibió muy buenas críticas, a medida que fueron muriendo sus lectores y reestructurándose el diario a la medida de las nuevas corrientes de la prensa, el protagonismo y la popularidad de los escritos de Don Toño fueron perdiendo espacio hasta terminar desapareciendo completamente de las hojas.

Como una piedra se mantiene hoy, defendiendo lo que tanto ama, aquello que lo ha acompañado en toda su vida, la literatura, la cultura, pues como tantos considera que es fundamental para el desarrollo integral de todo ser humano el tener la posibilidad de encontrar un instrumento capaz de hacernos reflexionar y pensar, de abrir nuestra mente y ver el mundo de una manera diferente.
Aunque sabe que está viejo, que su llama se puede apagar en cualquier momento y que tal vez pronto ya no pueda dirigirse con su sonrisa tradicional a su tienda y permanecer ahí, disponible para quien deseé preguntarle por un libro o algún objeto que nos ayude a recordar viejos tiempos, en los que el papel era amarillo, en los que una mente brillante tenía más valor que un físico perfecto, un tiempo en que si bien no habían tantas luces como hoy, bastaba con la luz que se aloja en nuestro interior para iluminar a cientos de hombres.
 Pese a que el nuevo mundo parece querer comer todo aquello que pueda hacer un bien a la humanidad, Don Antonio, el viejo Toño se mantendrá en  su tienda, sentado, leyendo, esperando que alguien cruce el umbral de su puerta, para recibirlo con afecto y alegría e invitarlo a conocer un mundo que hoy pocos ya visitan, un mundo que no muere, pues siempre, en algún lugar del mundo  existirán hombres como Don Antonio, sujetos que dedican su vida a mantener vivas las increíbles historias, las asombrosas respuestas y las maravillas que puede guardar un libro.


viernes, 1 de febrero de 2013

La Historia de Luis Antonio Romero

Luis Antonio Romero, hijo de obrero y de madre temporera, habitante de San Carlos de la Victoria,  tes morena, ceño fruncido y tozudo bigote negro, ancha espalda, gruesos y morenos brazo combinados con fornidas y cortas piernas acompañadas de cortos y velludos pies de mono.
Era un perfecto bruto, amante de las rancheras, del rodeo y del vino tinto,  jamás fue a la escuela, por lo que un simple calculo como una suma de un dígito significaba un esfuerzo supremo que lo dejaría más de cinco minutos pensando.
Profundamente pobre, dedicó toda su vida a trabajar esporádicamente y gastar todo su dinero en alcohol, cigarrillos y prostitutas baratas que terminaban robándole su precario sueldo en una noche de lujuria y distorsión.
Decía tener muchos amigos, aunque en realidad no eran más que conocidos de una noche con quienes compartió un trago o una puta del local de Doña Cleta  y nunca más los volvió a ver, y si los volvió a ver, no los reconoció y seguramente terminó a los golpes con más de alguno, pues su particular temperamento le concedió el apodo de " El Perro".
Se casó cinco veces y asesinó a todas sus esposas, a una por fea ( argumentando que sentía vergüenza de que lo vieran al lado de ella) , a la otra por linda (argumentando que todo el pueblo la miraba), a otra la mató por flaca y a otra por gorda, pero sin duda el caso más especial fue el de Matilde, una linda joven de 20 años, de ojos azules y piel blanca que había llegado hace poco a San Carlos de la Victoria y que tuvo el gran error de asilarse al lado de Luis Antonio, quien la mató por ser demasiado perfecta para un tipo como él.
Vivió una vida  de excesos  durante 35 años, entre alcohol, tabaco, prostitutas y esposas muertas, aunque nunca perdió su característica figura, ni nunca cambió su terrible carácter ni sus malos modales ni su gusto por matar, pues después de asesinar a su última esposa, se adjudicó el asesinato de su madre y de su padre,    porque según él, ya estaban muy viejos y no tenían para que seguir viviendo.
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Finalmente, un 6 de Mayo, como un ignorante más se embarcó en una absurda guerra inventada que duró aproximadamente 3 años, en la que murió en territorio extranjero. Fue una emboscada, les dispararon por arriba, el grupo de Luis Antonio solo sintió las balas y el frío de la muerte recorriendo su espalda.
Su cuerpo fue devuelto a su natal San Carlos de la Victoria, donde fue recibido como un martir, entre aplausos y homenajes, el pueblo despedía al último bruto que quedaba, pues ya todos habían regresado muertos como él, era una situación especial, pues despedían a un muerto pero a la vez le daban la bienvenida a una nueva época,  una cosa que no entendían mucho pero que habían escuchado se llamaba      " La era del progreso", y  entendían, que deberían adorarla como a su nuevo ídolo