lunes, 7 de enero de 2013

Inmortales

Inmortal,  pocos lo conocían por su verdadero nombre, pero yo como su nieto sí.

 Mi abuelo era muy particular, tenia 94 años, pero corría más rápido que yo , tenía más fuerza que yo y era mucho más ágil que yo, pese a ser 70 años mayor. Sin duda, los años no le habían pasado la cuenta, era una especie de gacela con  fuerza de  leopardo,  muy poco común según los médicos, pero el era feliz así. Cuando alguien le preguntaba cómo era posible que a su edad siguiera tan vivo, el respondía que cuando niño,  su madre lo había alimentado muy bien.
Pero ante tal vitalidad, no faltaron los mal intencionados que inventaron falsos rumores sobre la figura de mi abuelo; pactos con el diablo, sacrificios humanos y una sarta de tonterías entre las que  incluso una vez escuchamos el rumor de que el abuelo bebía sangre  antes de dormir, por supuesto nada era verdad, solo  sucias mentiras...
En su barrio siempre fue querido, excepto por aquellos que inventaban rumores en su contra, pero por lo general, si preguntas por él, recibirás buenos comentarios o increíbles historias sobre su figura.
Era una especie de Carlo Magno, aunque algunos afirman que su leyenda es más grande y que si bien mi abuelo no tenía una espada de 2 metros, su espíritu era tan grande que llegaba hasta el cielo.
Como se pueden dar cuenta, muchas cosas se tejían tras las espaldas de Carlos Cinfuentes Martínez, pero la verdad, solo quienes lo conocimos en intimidad, sabemos realmente quien era aquel hombre que despertaba tantas historias y a quien incluso se le atribuían más de 50 hijos no reconocidos, además de sus dos hijos oficiales, concebidos con su esposa de toda la vida, mi abuela Rosenda.

A medida que pasaron los años , solo supo como seguir acrecentando su fama y popularidad, sin duda alguna era el personaje más querido de la población en donde vivía.
Aunque  desgraciadamente, un frío día de diciembre, mi abuelo nos dejó, a la edad de 101 años, su llama se extinguió, de un día para otro murió.
La noche anterior celebramos su cumpleaños y mantenía su vitalidad de siempre,  a la mañana siguiente lo veíamos tendido en su cama y sin respiración, con sus ojos apagados y sin el fulgor habitual en su piel, solo nos dejó una nota en la que el creía que dejaba explicado todo...

" Familia, soy una estrella, es una historia un poco larga y desconocida. Los quiere, el abuelo "

No entiendo en que momento creyó que dejándonos esa nota nos aclararía su muerte, solo nos llenó más de incertidumbre y de dolor, sabíamos que era viejo, pero se veía tan vivo, que su muerte fue un impacto demasiado grande.
Mientras se efectuó su velorio y funeral,  no salió el sol y en el cielo solo fue posible divisar unas tristes nubes que parecían despedir a mi abuelo, un viejo zorro de otra época, que se despedía de este mundo y de sus aventuras en un elegante terno negro y en un brillante cajón forrado en terciopelo que había sido donado por un extravagante y multimillonario amigo que nadie en la familia sabía que conocía al abuelo. Aquel hombre tenia un simpático bigote que combinaba con su sombrero, el día del funeral, se me acercó y preguntó si nos había contado que era una estrella, le respondí que nos había dejado una nota, el hombre del bigote me lo afirmó, y me confesó que conocía a mi abuelo desde hace  más 600 años ,  y que ambos ya bordeaban la edad de 1000 años, por lo que hoy había partido mi abuelo, pero pronto, partiría él también.

Si la nota de mi abuelo ya había sido rara, la confesión de aquel hombre era más que suficiente para todo lo que me quedaba de vida, no le comenté a nadie más lo que aquel hombre me había dicho, como él me lo pidió. Me comentó que cuando extrañara a mi abuelo solo mirara al cielo, que el seguía en nuestro universo, allá arriba en el cielo, le pregunté si con Dios y se largó a reír diciendo : Él te quería mucho,  y sabe que no crees en su historia ni en lo que te cuento, y eso mi amigo, eso le desgarra el alma.." Nunca más lo volví a ver...
Las palabras de aquel hombre rondaron mi cabeza por años, y a decir verdad, nunca creí en la historia de mi abuelo, me parecía imposible llegar a pensar que aquel ser que conocí, en verdad tuviera más de mil años, cuando toda mi vida lo vi como  un hombre normal, activo pero normal, al menos en su apariencia. Nunca había visto a alguien que tuviera mil años y mi abuelo no parecía tenerlos,  mucho menos cuando corría, se veía de 20... La incertidumbre que rodeaba a la figura de mi abuelo, fue tal que terminó rompiendo mi vida, se que él no deseaba eso para mí, pero mis constantes dudas y mi escepticismo sobre su leyenda   hizo que paulatinamente me fuera transformando en un ser desagradable e insoportable, aquella historia sacada de cuento no cabía en mi cabeza acostumbrada a las leyes de la ciencia, se puede decir que me trastorné y enloquecí, o quizás no llegué a tal extremo, pero mi vida cambió desde que murió el abuelo, tal vez lo extrañé y necesité demasiado, o simplemente su figura se derrumbó para mi, ciertamente debe haber sido eso, confieso que lo odie por muchos años, es difícil odiar a alguien que extrañas tanto, lo odié, lo lloré, pero nunca lo deje de amar...
Algunas noches soñé con él, siempre lo veía llorando y apagado, como nunca lo vi en su vida, en su extraña vida. Hoy extraño esos sueños, lamento no haber aprovechado mi juventud para haber creído en él,  hoy mi mente ya esta en cierre y no me visita hace años, desde que comencé a envejecer y me volví viejo y enfermo. A ciencia cierta, tengo 90 años, y de ellos solo viví 20 y los 70 restantes fueron una misera existencia que no significaron nada en mi ,  si bien tuve muchas cosas, dinero, mujeres, lujos, desde que él se fue, mi llama se apagó. Creo que moriré pronto, espero morir pronto, mi espíritu me abandono hace mucho tiempo, creo que desde el día en que consideré a mi abuelo como un idiota por su historia de la estrella, ese día me asesiné a mi mismo y a su vez, destruí su legado y su memoria.

En estas, mis últimas palabras, solo quiero pedirte perdón, tu siempre fuiste de otra época, y de otro mundo, pertenecías al cosmos, al infinito, tu vida nunca fue humana, pues de lo contrario nunca hubiera sido tan grandiosa ni espléndida como lo fue , abuelo, agradezco que nunca supieras lo que significo ser un humano, pues te hubieras decepcionado de ti mismo, tal como yo lo estoy de mi, no somos nada, somos muerte y destrucción, somos tristeza y angustia, somos humanos y padecemos del dolor y la enfermedad, pues pagamos todo el daño que le hemos causado al mundo y a nosotros mismos por dar vuelta la espalda cuando tenemos que saludar...


No sé cuanto tiempo más me quede, tal vez unos días, me estoy pudriendo a pedazos, de mi cuerpo emana olor a muerte y de hecho la he visto rondar mi casa en las últimas noches, probablemente no pase esta, pues de hecho la siento cerca mio, rosándome el cuello, respirándome en la espalda, vigilando que termine mis letras, para así asesinarme.

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