viernes, 26 de julio de 2013

El Viaje

Las 6 de la tarde en punto y tomé el metro, el ferrocarril, el tren, como prefieran llamarle, lo tomé y como de costumbre venía lleno, asfixiante de caras tristes y de sueños rotos.
Siempre me he preguntado cuántos futbolistas, profesores y modelos frustrados viajan a mi lado, es triste, pero nos pasa a todos, quizás otro me mira y ve esa cara pálida con cejas frondosas que saludan con tristeza al mundo todas las mañanas, y dice “pobre desgraciado”.
 Mantengo aquel recuerdo, el momento en que llegando a la siguiente estación, se  abrió la puerta  y entró una masa enorme, me hice hacia un costado, quedé frente a la puerta del otro lado, más tranquilo y relajado, como pude acomode  mi cuerpo  al lado de una señora que me miraba con ojos  enojados.
Sigo recordando, aquel día helado en que iba en el tren de Santiago, especialmente el momento  después del cierre de puertas, vuelvo a escuchar el sonido que me dice que   empezó la marcha,  entramos al túnel,  a  esa oscuridad tan profunda, tan terrible pero hermosa a la vez, repleta de ruido, falta de aire. Recuerdo que en esa oscuridad vi a otro  cuando miraba al frente, lo miré en el vidrio y se parecía a mí, pero no era yo, eso estaba claro, pero nos parecíamos mucho, tenía las mismas cejas tristes, la misma cara demacrada, los mismos sueños rotos, y al parecer vivía en el mismo mundo que yo, aunque no éramos el mismo, creo que del otro lado, dónde vivía él,  también se mueren de hambre, también sufren y mueren de cáncer, lo  que realmente me alegra, me da esa  alegría amarga que te produce el saber que no eres el único que tiene  tan terrible existencia.

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