Cavo tu tumba en el patio por la infamia que me has causado, mujer desvergonzada, arpía despiadada, fuiste frente a mis amigos y conocidos, ante todos te desnudaste, sin importarte el amor que me jurabas.
Te decías mi esposa y tras mi espalda te burlabas, por mi ingenuidad y estupidez, por creer en ti mujer, conoció el dolor mi alma.
Oh! cuanto daño me has causado, pero ya no más, porque hoy junto al último hombre con el que me has deshonrado, te he asesinado.
viernes, 29 de marzo de 2013
domingo, 17 de marzo de 2013
Héroe
Recuérdenme como un héroe, como el hombre que fui, no omitan ningún capítulo de mi vida, pues no hay nadie más valiente que yo en este pueblo, y el mundo debe saber que aquí existió un macho que tenía los pantalones bien puestos.
Y si alguno se atreve a llamarme cobarde, que intente igualarme.
Sin más palabras, jaló el gatillo frente a todo el pueblo.
Y si alguno se atreve a llamarme cobarde, que intente igualarme.
Sin más palabras, jaló el gatillo frente a todo el pueblo.
viernes, 1 de marzo de 2013
La plaza
Simplemente ese día la plaza de la villa se
veía distinta, increíblemente en cuarenta
años de idas y vueltas por ese cucurucho, nunca la había visto de esta
manera, de un momento a otro era la
maravilla más grande que el mundo podía ofrecer, o en realidad, era lo mejor
que se podía ver en un barrio miseria ubicado en las periferias de la ciudad…
¿Pero qué diablos pasó aquí?, me pregunté,
cuarenta años caminando por el costado de este pedazo de tierra con arboles y
uno que otro montón de pasto y ahora me parecía una belleza. No podía ser así
como así, algo tenía que haber pasado, pero aunque la miraba detenidamente,
estaba igual, definitivamente igual, la posición de los arboles, el color del
suelo, del pasto, los asientos gastados, el basurero, todo…
Algo desconcertado me tomé la cabeza, no
entendía nada, realmente en mi vida me había sucedido algo así, no podía creer, que sin darme cuenta, comenzara a tenerle “
afecto “ a esa plazita donde ya ni niños juegan por las tardes. Pero en ese
mismo momento, en que me tomé la cabeza, naturalmente bajé mis manos, las vi lenta y detalladamente, cada uno de los detalles de mis arrugados y
manchados dedos pasó frente a mis ojos,
fue ahí cuando comencé a entender lo que me pasaba, ya no soy el mismo, me dije
a mis adentros, mis setenta años ya me
pesan y pronto comenzarán a pasarme la cuenta, la edad ya me ablandó el
corazón, por eso es que aquella plaza, por donde pasé mil veces en mi juventud
hoy me pareció linda, porque la miré de una manera distinta, los ojos de un abuelo
no son igual que los de un joven, hoy veo en la plazita a un viejo conocido,
que muchas veces miré con indiferencia y
desdén, pero hoy cerca del final de mi vida, me doy cuenta que la plaza
envejeció junto conmigo, y que aquel lugar será en donde vendré a pasar mis
tardes. Sentado debajo de uno de eso viejos asientos de madera ya sin barniz,
de ese pasto lleno de malezas, de ese árbol de tronco grueso y raíces enormes,
que lentamente se seca, solos y abandonados ambos, nos tendremos a el uno al
otro, hasta el final, sentados conversando y mirando el sol, quizás por diez
años o por más, juntos, el anciano del barrio con la plaza vieja, se sentarán a
ver como pasa el tiempo lentamente, esperando felices ahora el día de su
muerte, porque ya no están solos y tienen a alguien con quien hablar hasta que
llegue el día del final.
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